Un sueño sobre Ruedas
- JORDAN TABANGO

- 17 jul 2019
- 3 Min. de lectura
Crónica Periodística

Ronny Ostaíza llega a la escuela Juan León Mera en su vieja sillita de ruedas acompañado de su madre. Son las 6:30 am. El niño me regala un fuerte abrazo como saludo.
Desconcertado, con ternura en sus ojos, Ronny me pregunta ¿qué es una entrevista? a lo que respondí, que no era nada malo, solo tenía que responder a unas preguntas y comencé a cuestionarlo. Ronny es un niño que nació el 13 de abril del 2009 con una enfermedad llamada neumococo. Al superarla quedó con un problema en su columna vertebral, que le impidió caminar. Cursa el quinto grado de educación básica y sueña con ser un basquetbolista profesional.
Todos los días, muy temprano en la mañana, antes de que salga el sol, Ronny se despierta con mucha alegría porque le encanta ir a la clase de la maestra Juanita. El no poder caminar, no le imposibilita vestirse solo, ir al baño y poder ir a despertar a su madre para que prepare el desayuno, ya que le gusta llegar temprano a la escuela, para ser el primero en saludar a su profesora, con un fuerte beso en la mejilla.
En un principio las cosas no marchaban tan bien como actualmente, dado a que su discapacidad lo hacían sentir inferior a sus demás compañeritos de clase. Por ese motivo, en tercer grado, le dijo a su mamá que ya no quería ir más a la escuela, porque no podía hacer educación física y que cuando aprenda a caminar iba a ir. Sin embargo, sucedió un acto de amor y solidaridad que ni él ni su madre se lo esperaban. Al siguiente día todos sus amiguitos fueron a su casa y le pidieron que no dejara la escuela y que lo querían tal y como era, entonces les prometió que al siguiente día iría.
Mi sueño también era ser un jugador de básquet profesional, le comenté a Ronny y entusiasmado me preguntó que si después de la entrevista podíamos jugar un partido a lo que respondí que sí. Entonces, le pregunté en qué lugar entrenaba y me contó otra historia. Me dijo que entrenaba en la Federación Deportiva Obando y Pacheco, hace un año y medio, ya que en ese lugar también hay niños como él. Su parte favorita del día era a partir de las 2:00 pm porque a esa hora se dirige a sus entrenamientos
Suena una sirena ronca. Ya son las 7:00 am y Juanita sale en búsqueda del niño. Él, un poco triste, se despide con un fuerte abrazo diciéndome al oído que queda pendiente el partido de básquet. “le agradaste mucho a mi hijo”, me dice la madre. “Espero que se haga realidad su encuentro de básquet”. A lo que respondí, sonriente, que sí. Luego, me atreví a preguntarle a Martha que cómo ha sido el proceso de adaptación de Ronny a todas sus actividades diarias y esta fue su respuesta: “Él es un niño que ha superado varios obstáculos día a día, ninguna actividad le queda grande y tampoco le pongo limites, él lo que se propone lo logra”.
Martha y yo nos dirigimos hacia el médico que atiende a Ronny. Sudor y risas fueron el resultado de nuestro largo camino hacia las cinco esquinas, donde queda el consultorio del doctor. Con un apretón de manos nos saludó Rodolfo Buenaventura, el fisioterapeuta que asiste al niño desde ya cinco años, entonces le pregunte que si podía responder a unas preguntas sobre el caso del infante a lo no se negó en lo absoluto. Fui muy directo, tenía un poco de vergüenza, le pregunte que si Ronny algún día volvería a caminar a lo que con una pequeña lagrima en su ojo izquierdo me dijo que no porque su enfermedad era de nacimiento y no se podía hacer nada, solo estimular sus nervios para que no pierda sensibilidad.
No quise seguir con la entrevista porque me di cuenta que todo marchaba bien y que la vida de Ronny era perfecta, que no necesitaba ser como los demás sino, ser como él era y estoy seguro que todos sus sueños los alcanzará y será el gran basquetbolista que sueña ser.






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